China comunista avanza hacia la hegemonía económica mundial

En la China comunista ser un capitalista rico es glorioso

Al finalizar la década de los noventas del siglo pasado, el Banco Central de China cometió un exceso típico de los bancos centrales. Emitió tal cantidad de dinero que llegó el momento en que no había respaldo real para sustentarlo. El resultado fue el previsible, los precios comenzaron a subir en la China comunista. De este modo naufragó la economía de los cientos de millones de chinos pobres.

De todos los sectores de la sociedad surgió un clamor de protesta contra la corrupción generalizada del gobierno. Comunistas de la vieja guardia, veteranos de la guerra de Corea, jóvenes, pensadores pro occidentales, amas de casa. Todos, todos los chinos tenían por fin una misma opinión: era imperativo consolidar las reformas y acabar con la corrupción.

La Plaza de Tiananmén se llenó de muchachos que la ocuparon por semanas. Retaban a las autoridades a hacerles frente. Ahí se estableció el punto neurálgico del conflicto entre pueblo y gobierno. Superado el punto de no retorno, sólo podía haber un desenlace: la confrontación.

La Plaza de Tiananmén fue tomada a sangre y fuego por las tropas, causando la acción más de mil muertos. La rebelión parecía descabezada, en realidad los comunistas en el gobierno habían cometido un error fatal que estuvo a punto de costarles el poder.

Deng Xiaoping, ex primer ministro chino y en su momento un acérrimo rival de Mao Zedong, se dio a la tarea de evitar un mayor derramamiento de sangre. En febrero de 1992, aprovechando su enorme poder y gran popularidad marchó hacia el sur, donde proclamó: “La pobreza no es socialismo.” “Es glorioso hacerse rico“.

De esta manera comenzó un gran movimiento de reformas pragmáticas muy profundas en la sociedad y economía chinas.

De la Revolución Cultural de Mao Zedong a las reformas capitalistas de Deng Xiaoping

Mao Zedong, padre de la China moderna, logró hacer triunfar su revolución china peleando grandes guerras contra los invasores japoneses y contra los nacionalistas de Chiang Kai-shek. No conforme con obtener el poder político sobre toda China continental, soñó con forjar desde cero una nueva identidad china, libre de toda influencia ajena a su particular interpretación del marxismo. Así surgieron el maoísmo y la Revolución Cultural. En su nombre, durante la década de los sesentas, se destruyó el legado de Confucio, se combatieron las religiones, se persiguió a los intelectuales y se condenó a campos de concentración a los disidentes.

El sueño de una sociedad sin clases ni explotación del hombre por el hombre se convirtió en una pesadilla. A la muerte de Mao, su viuda y un pequeño grupo de altos funcionarios continuaron con el intento de refundación de la cultura china. El intento degeneró muy pronto en una corrupción descomunal, y las masas que habían sido salvadas de la tiranía de los mandarines y del general Chiang Kai-shek, se vieron reducidas a la total miseria.

Los comunistas revisionistas plantearon la necesidad de emprender de inmediato reformas, para evitar el colapso de la nación.

Ya Lenin, al enfrentarse a un problema similar en Rusia, cuarenta años antes, había dicho: “El capitalismo es un mal si lo comparamos con el socialismo, pero comparado con el feudalismo -que es donde está Rusia- el capitalismo es un gran bien”. Fue por ello que el padre del marxismo-leninismo llevó a Rusia… al capitalismo, en contra de la creencia generalizada.

Contraviniendo los deseos de Mao Zedong, Deng Xiaoping y sus camaradas deseaban hacer lo mismo que en su momento hizo Vladimir I. Lenin, pero sus reformas iban a ser mucho más dramáticas y con consecuencias mucho más notables.

LEER MÁS  Juegos eróticos, arte diversión y sensualidad intensa en pareja

Un Partido Comunista que de comunista sólo tiene el nombre

Si la teoría de Karl Marx es correcta, al comunismo sólo puede llegarse después del socialismo, y a éste sólo se llega desde el capitalismo. De manera que estas etapas económicas no son antagónicas, sino sucesivas. La práctica parece darle la razón al economista alemán, cada vez que se ha intentado implementar el socialismo en un país de economía más bien feudal o caciquil que capitalista, luego de un impulso inicial muy fuerte y de grandes resultados, las estructuras se desploman, haciéndose necesario implementar reformas capitalistas. Paradójicamente, el verdadero logro de los revolucionarios comunistas, ha sido llevar a sociedades con economías pre capitalistas, precisamente al capitalismo.
Esto tiene su mérito, sin esas revoluciones, naciones como China, Corea del Norte, Vietnam, Laos, Camboya, quizá Cuba, serían aún poco más que meras colonias agrícolas con mano de obra cautiva y casi gratis, donde la vida de los jornaleros sería menos valiosa que sus machetes y palas.

Deng Xiaoping sobrevivió a la ira de Mao, y a los intentos de re educarlo. Rehabilitado en 1973, volvió al gobierno chino donde aprovechó su influencia para diseñar los cambios económicos que el país reclamaba. Él y sus sucesores entendieron la necesidad de obrar conforme a la naturaleza, de ajustarse a la teoría original marxista. Primero, al capitalismo, después, ya veremos.

Capitalismo para todos, en vez de capitalismo de amiguetes

Los comunistas reformistas chinos ganaron finalmente la partida, y China se salvó de autodestruirse. Las reformas se han ido implementando paulatinamente con una estrategia sorprendentemente simple y eficaz. Los cambios se introducen todos a la vez, al mismo tiempo, en una sola región. Esto es mejor que tratar de imponer reformas nacionales poco a poco, como hacen otros países. Los chinos tenían la ventaja de que Hong Kong ya era capitalista; luego, las provincias del sur, una a una fueron implementando los paquetes de reformas. Las regiones vecinas veían que los cambios eran exitosos y gratos a la población; ya no presentaban resistencias a la transformación.

Ahora los chinos podían comprar acciones, tener negocios propios, contratar personal, montar empresas; también pagar impuestos, exigir derechos, acumular capital e invertirlo en lo que les diera la gana. “Es glorioso hacerse rico” era la nueva consigna revolucionaria.

La ficción de un “socialismo de rasgos chinos” es sólo un eufemismo para agradar a la vieja guardia roja

“Pragmatismo”, “socialismo de rasgos chinos“, decían los funcionarios para referirse al nuevo estilo. Sólo son eufemismos para no decir lo obvio. China es capitalista, quizá más capitalista que países desarrollados de América y Europa. Los chinos no quieren llamar a las cosas por su nombre, y tal vez hacen bien; así evitan provocar las suspicacias de los comunistas de la vieja guardia, de los maoístas.

China es el país más poblado del mundo, tiene uno de los territorios más extensos y vastos recursos naturales; muchos economistas plantean que con seguridad, China será la mayor potencia económica mundial en 2030. Algunos autores ya plantean que China es la primera potencia comercial hoy..

El economista español Diego Quiñones, sin embargo, prefiere matizar la información. Él cree que en efecto, China será la primera potencia económica, pero sólo por el volumen total del Producto Interno Bruto; mas no por la renta per cápita, que es el verdadero indicador del poder adquisitivo de un ciudadano promedio. En ese aspecto, así como en influencia cultural, política, y en poderío militar, China nunca podrá superar a Estados Unidos.

Las nuevas generaciones tienen la palabra.

[Total: 0    Average: 0/5]

About author Ver todos los posts

Fermin